Saber que la vida es corta no es necesariamente para muchos un motivo para disfrutarla al máximo. A veces necesitas un empujon para hacer las cosas que deseas… y a veces deseas tanto que te obligas a no hacerlo para parecer menos loco.
Yo recuerdo que un fin de semana deseaba con muchas ganas salir con alguien a tonear… a pasarla bien y que se yo… a divertirme. Fue una de esas veces en la que sorprendes a alguien por tu reacción impulsiva de hacer las cosas con la finalidad de que suceda. Me acuerdo que le dije: “Bueno, entonces… paso por ti” aún sin que ella hubiera aceptado la propuesta. Y aunque yo notaba que existía un deseo por aceptar, el desanimo y la mala vibra ganó la batalla ante mi tan entusiasmado ofrecimiento…. “No puedo, no tengo zapatos…” fue la escusa pálida e indignante que me dió, como si la diversión se acabara por que sus 37 no podían calzar otra cosa.

Fue tan decepcionante, más allá de lo que haya dicho despues, que decidí no volver a invitarla a salir. Realmente no se si cumpliré mi promesa, siempre me gusta salir… me gusta divertirme y pasarla bien, y si es con una persona con tanta energía y vivacidad, provoca realmente insistir. Es tan solo ese aguijón de la negación el que evita a repetirlo… ese sentimiento de que nuevamente encubrirá sus reales deseos y se negará ante mi insistencia.
Ese desaire de no saber que es lo que realmente quiere por una careta que siempre muestra, que yo pense a mi no me la mostraba, pero ahora que lo pienso… si… si me la muestra, siempre lo hace, no se si por miedo o por costumbre, pero la verdad es que ese afan de negación realmente me molesta… no por que sienta que realmente es un NO… si no por que siento que un SI disfrazado de NO.











