Consuelo, hermana de mi abuela por parte de mamá, es todo un personaje. Es ahora, una tierna viejecita de metro cincuenta, recontra despierta y feliz que, a pesar de sus setenta y algo años, aún no deja la monería de tomarse una chelita o un vino borgoña de aquellas cepas antiguas que se cosechan en Ica. La tía que yo recordaba por su peculiar manera de usar gafas de fondo de botella, es aún participe de la conversación, así como una maquina infatigable de recuerdos grandiosos de aquellas épocas de oro junto a sus hermanas, incluida mi abuela.
Su casita, en donde comparte morada con mi tio Martin (un regorte y simpaticon personaje) y su familia, queda exactamente en la entrada de una serpentiante subida al cerro en el distrito de Comas. Es allí donde con una suerte de astucia se armo una pequeña tiendecita para abastecer de ciertas golosinas a médicos y enfermeras del tan famoso Hospital de la Solidaridad aparcado ya buen tiempo en la av. Tupac Amaru del mismo distrito. Conocer esa casa fue una experiencia muy grata, ya que pude ver, entre otras cosas… las primeras fotos de la niñez de mi mamá. Estas fotos pertenecian al bautizo y celebración de la misma, además de aparecer mis tios mayores. Aún me encuentro con la pendiente de regresar a pedirlas y así poder escanearlas para su respectivo retoque digital (por que las fotos están arrugaditas como la tia concho, XD).
Además de ello pude volver a conocer a tías y primos lejanos. Pude comer guiso de pato y compartir con algunas anecdotas de personas que tiene grandes cosas que contar por todo lo que han podido ver y hacer durante sus vidas. En ese momento, sentí que me acoplaba a la familia gigante que nunca tuve, pero que en realida si existía. Que viva la tía Consuelo mucho más! así habrá siempre un motivo para reunirnos y compartir, algo que muchas veces olvidamos hacer.








