Cuatro años y 5 meses han transcurrido entre risas y tristezas, ya que mi vida en el trabajo siempre ha sido, y será, un technicolor de experiencias que están marcadas por las sensaciones que provocan la gente que te rodea, las ocurrencias del día a día, así como los varios trabajos que durante tu estancia en dicho lugar, procuras hacer bien. Para mi, los proyectos quedarán registrados en archivos de Illustrator, Photoshop y uno que otro en la web; así como la camaradería y festejo en fotos o videos, justo al lado, en la carpeta contigua. Eso sí, obviamente incomparable con ellos, la experiencia laboral y la amistad que solo pueden ser almacenados en un rincon de mi interior… entre la línea delgada de la mente y el corazón.
En el preciso momento que me enteré de esta situación, no pude evitar sentir un choque, algo así como cuando sabes que va a pasar algo muy duro y tienes suficiente tiempo para pensar en tantas cosas a la vez. Ya luego, mientras se va formando la niebla de incertidumbre en el futuro, veo con optimismo las cosas que vienen; y si miró atrás, recuerdo ciertamente anécdotas, sensaciones, y simples cosas materiales que definen lo que fue trabajar en AG. Les juro que no deseo mostrar mi banalidad en la pequeña lista que presentaré a continuación, pero aunque yo no suelo darle valor a ciertas cosas materiales en general, es la manera más sencilla de entender las épocas, momentos y situaciones que desde mi perspectiva forjaron estos casi cuatro años y medio.
Por eso, nunca me olvidare:
- del cuartito de cómputo, entre los papeles y las impresoras, una barra divisoria entre mi trabajo en sistemas y su próximo cambio a marketing.
- de la botellita de alcohol de Carlita, su estresante limpieza que nunca impidió que la convirtiera en una gran amiga… alguien con quien me he sentido identificado muchas veces, por más inusual que parezca.
- de los post-it alemanes de Mylou … pequeña muestra de su locura y desenfado para hacer lo que quisiera sin molestar a nadie, sin que se viera mal.
- del sonido de Rafaela Carra escapándose por los parlante de Katies … lo divertido y lo cómico de su peculiar manera de convertirnos a todos en bailarines de hora loca.
- del corolla azul, ese que forjo durante el viaje a Chincha, lo que unos cuantos llamamos “pandilla basura”.
- de la mesa de piedra en la cocina, un lugar que pasaba de centro de almuerzo a barra alcohólica, como pasa el tiempo entre la 1pm y las 6pm.
- de las pachamancas en el jardin, nunca dije esto, pero odio la pachamanca… aunque ahí, ya me daba igual.
- de las canastas de fin de año, el genial impetus de hacer las cosas a último momento fuere para lo que fuere… recuerdan los Ricadonna?
- del aire acondicionado, una pugna por fríos y calores personales… aunque creo que esto pasa en todos lados.
- de las converse de Sandra, las zapatillas que definieron una etapa juguetona y divertida, aquellas que se volvieron una moda y marcaron el liderazgo de su impulsadora.
- del espejo de Vnssita, el reflejo de la mitología de Ovidio, y los cambios que profesó una nueva cara en el área de ventas.
- del nextel de Ricardinho, aquel que se volvió comunal en cierto punto – ¿5 soles?
- del pato Donald de Rocio, aunque más preciso sería decir … los pato Donald… los que representan la cantidad de chucherías que coleccionamos en nuestros cubículos.
- de mis herramientas: cámara y laptop, extensiones de mi labor, así como el registro de lo acumulado durante todo ese tiempo.
Mentiría si dijera que todo fue felicidad. Mentiría si dijera que nunca me moleste con nadie, por que es así, no todo puede ser un reflejo de lo que deseamos … sobretodo habiendo mucha gente involucrada de por medio. Por eso hoy, este es mi pequeño tributo al tiempo transcurrido. Aún se viene lo mejor, aunque me siento feliz de decir: nada de lo que paso, estuvo demás… Gracias AG.