
Te cuento que no te reconoci, y es que no te conozco… pues hasta ese entonces, solo eras alguien que vi en un local extraño de estos que hay por el centro de Lima. Te cuento que aún estoy pensando el por qué; y es que es la primera vez que de sorpresa frente a mi sobriedad alguien miente para llegar a mi boca.
Te cuento que te mire y pensé: “Asu! esta disco no era tan recina después de todo, jaja”. Te cuento que ese día solo una chela me alumbro en el Munich, y por eso yo aún no sucumbía a la dopamina viral que te perjura el trago. Te cuento que no se quien eres, pero por 10 segundos, sentí que te conocía lo suficiente para pensar que la sensibilidad te caracteriza.
Te cuento que a las 2 de la mañana las almas ya penan, y por eso imagino, capte cierto olor de vodka y naranja en tu explendor… cierto aroma de flores en tu aura y una pizca de tabaco en tu escencia. Te cuento que aunque aún deseo conocerte, tengo la certeza de que no sucederá… bueno al menos no en un futuro cercano.
Te cuento que al menos, aún sin pensarlo, tu desaparición provocó en mi la suficiente energía de entregarme nuevamente a la vida, a la conciencia y a la extraña forma de sentir cariño frente a alguien que aún no llega.








