Imagina… solo imagina… que las cosas que me llevan a ti, realmente sean tan importantes como tú.
Imagina… solo imagina… que cada vez que te veo, es por pura casualidad.
Imagina… solo imagina… que las razones a veces no son lo que parecen. Que muchas de estas se vuelven escusas… solo escusas.
Tengo que sacar un documento – Lo quiero impreso a color y con las gráficas impecables – piensa Roberto ubicado en el segundo piso de la torre Wiesse, craneando acerca de la deficiente
impresora a color que tiene su oficina. Y sabe que, en el cuarto piso del edificio se encuentra el área de marketing de la misma entidad, en la cual encuentras la más completa variedad de artefactos de impresión con la mejor calidad del mercado. Roberto decide que es hora de usar los mejores recursos para su presentación.
Una vez en el lugar, se encuentra con Sara… la linda y muy sutil administradora de recursos del área la cual saluda cariñosamente a Roberto, aún sin conocerlo. Una sonrisa sincera y una voz de alivio bastan para sentir una amistad concreta pero inexistente – Hola, solo vengo por unas impresiones – Claro, adelante – respondió Sara de manera cortez disponiendose a ayudar a Jorge en la tarea de recolección del material mientras conversaban una que otra amenidad del momento. Una presentación informal y la despedida con un beso culminaron la visita, la cual dejó muy entusiasmado al chico informal.
Los días pasaron y las escusas afloraban con tal de regresar al piso de marketing en donde cada encuentro se convertia en risas, anecdotas y conversaciones. Sara pareciá sentirse muy agusto con Jorge, aunque el pensara que probablemente era uno más de todo el lugar que desearía salir con tan carismática muchacha. Luego de 2 semanas de constantes visitas, Jorge decidió aventurarse a pedirle algo más que 20 minutos de conversación en un resinto laboral y se dispuso invitarla al restaurant que se ubicaba a solo 2 cuadras de su centro de trabajo. Sorpresa marcaba su rostro a 10 metros del sitio de Sara cuando se detuvo al ver que un muchacho habia capturado la atención de ella, pensando quizas el sería su amor no presentado ni mencionado… el puñal imaginario y el vidrio roto se impregnaban en sus sentimientos. Nunca más se acercó, nunca más lo intentó.
Los días pasaron y Sara se preocupó, pues a quien se habia ganado con buen trato y carisma ya no procuraba de su compañía… tal vez él se enamoró de otra, pensó. Lo he perdido, pensó… y es que solo lo pensó, ya que las mujeres jamas lo dicen hasta que sientan la seguridad de expresarlo. Las vidas de los personajes nunca más se cruzaron, solo procuraron vivir como aquellos que siempre tienen una espina del “pudo haber sido”, del “tal vez sí”, del “nunca lo sabre”. Esas espinas que molestan, con las cuales vivimos todos, con las cuales soñamos alguna vez… las que pensamos en siempre callar y olvidar, pero que marcarán nuestra vida por siempre…
Jorge siempre la quiso y nunca lo pudo decir, Sara siempre le gusto pero nunca se lo expresó. El camino que los unia se rompió y lastimosamente solo en eso quedó… en un camino que hizo un cruce de vidas, pero que al no expresar sus sentimientos más intimos, nunca los unió.